domingo, 16 de noviembre de 2008

Capítulo 1: Érase un buen hombre

Había decidido quedarme hasta tarde trabajando, y encomendarle a la nana que sacara a mi hija Valeria a pedir dulces hoy 31 de Octubre. Mi jefe como siempre, me ponía más trabajo del que podía soportar y mi incapacidad de decir "¡N0, hoy es importante estar temprano!" atacaba de nuevo. La cantidad de papeles, informes, conciliaciones bancarias, era impresionante y no lograba avanzar a la velocidad que yo quería, para acompañar a mi hija el último año en que se iba a disfrazar.

Eran más de las 8:30 PM, cuando luego de regresar del baño vi las 7 llamadas perdidas de la nana, y me dejó el mensaje de texto: "llevo hora y media buscando a la niña Valeria y no la encuentro". Inmediatamente retorné la llamada y en efecto doña Clemencia me confirmaba que la niña estaba perdida y que por más que la buscaba en el barrio, y en sus alrededores no la hallaba, lo que recuerda es que la había visto jugando con unas niñas y luego como por arte de magia desapareció.

El dolor, la desesperación y la frustración fueron inmensos, nunca había sentido un coctel de emociones tan fuerte. Inmediatamente llamé a sus amigas, a los padres de sus amigas, y entre todos la estuvimos buscando hasta las 2 a.m. de ese primero de noviembre. Luego de cotejar varias versiones, logré establecer que Valeria se había perdido con otras 2 niñas de barrios vecinos, las tres tenían la misma edad, 9 años, y estaban acompañadas por 5 niñas de más o menos 12 años, disfrazadas también de princesas, de traje purpura con tiara, y varitas que parecían ser de diamantes.

Valeria también se había disfrazado de princesa, juntos habíamos elegido el disfraz el día anterior en el almacén, era el último que quedaba, un poco dañado pues ya muchas otras princesitas de su misma talla se lo habían medido, ella con su corazón dulce y un poco triste me dijo: "no importa papi comprémoslo, que doña Clemencia lo repara y seguro para mañana estará radiante".

En efecto así fue, estaba hermosísima, la foto que me envió por celular era toda una princesa, su traje con tramos blancos y azules, su sonrisa que reflejaba la alegría y limpieza de su alma, su mirada tímida, y su típica pose de pie adelante y manos en la cintura. Mi princesa era el amor mío y el motor que hacia que me inclinara a trabajar más para poderla sacar adelante.

El hecho era que mi princesa de tul, no estaba conmigo y esta noche no lograría conciliar el sueño entre tantos pensamientos, arrepentimientos, frustraciones y lagrimas. La extrañaba ella era todo para mí, y cuando más me necesitaba yo no estuve.

2 comentarios:

danubio dijo...

Jorge, por un momento me asusté, hasta que ví que era solo un cuento dedicado a tu princesa.
Comenzaré a leer este blog

Anónimo dijo...

buen comienzo

seguro que estaba en el páis de las princesas

mi saludo